Foto: Alfredo Caputto Espinosa "Cumpleaños de mi hermana..."
domingo 20 de septiembre de 2009
jueves 28 de febrero de 2008
Alegoría de una protesta
En la última semana hemos visto el despliegue de las casi festivas y agridulces manifestaciones del país. Estas son sazonadas por maestras de español y estudios sociales que traen consigo atractivas gorritas "fashion" o rubias y "blicheadas" cabelleras boricuas salidas del "beauty" de la esquina. Pero hay que protestar, todavía quedan par de añitos para jubilarse y la nena acaba de entrar a la universidad demandando más dinero y libertades. No es sencillo, hay que lidiar con el "hijo de la gran..." del director o mejor dicho saber cómo tratarlo, la situación es muy sensible y hay que manejarla con cuidado.
Las rompehuelga del salón de al lado insisten en decirle a los nenes que quienes están afuera son más que unos histéricos pidiendo cosas imposibles y que su deber es asistir al salón. Anyway, a los "nenes" esto ni les va ni les viene, bueno, a menos que venga algún reportero y puedan salir en televisión donde defienden de manera tenaz y dramática su educación. Mientras tanto, se escuchan los panderos y el bailesito con mister Pérez, maestro de matemática, entona el piquete. Por otro lado llegan las que no están ni con dios ni el diablo. Estas son las que ponen la cosa difícil, por lo general suelen ser "aleluyas" de la iglesia San Juan Bautista de los últimos días y los ríos de agua viva. Algo así, un nombre de esos que de solo escucharlo sientes la presencia divina. Pues estas doñis, guardan sus lágrimas para hacer su polémica y triunfal entrada mientras universitarios y algunos colegas vociferan consignas y tratan de impedir su entrada. Los guardias, en estos casos trabajando overtime, son quienes dan el toque intenso. Agreden a quienes les enseñaron no a dar macanzos, sino a pasar el examensito de la academia y que hoy con tanto orgullo portan detrás de sus cascos y chalecos antibalas.
Las rompehuelga del salón de al lado insisten en decirle a los nenes que quienes están afuera son más que unos histéricos pidiendo cosas imposibles y que su deber es asistir al salón. Anyway, a los "nenes" esto ni les va ni les viene, bueno, a menos que venga algún reportero y puedan salir en televisión donde defienden de manera tenaz y dramática su educación. Mientras tanto, se escuchan los panderos y el bailesito con mister Pérez, maestro de matemática, entona el piquete. Por otro lado llegan las que no están ni con dios ni el diablo. Estas son las que ponen la cosa difícil, por lo general suelen ser "aleluyas" de la iglesia San Juan Bautista de los últimos días y los ríos de agua viva. Algo así, un nombre de esos que de solo escucharlo sientes la presencia divina. Pues estas doñis, guardan sus lágrimas para hacer su polémica y triunfal entrada mientras universitarios y algunos colegas vociferan consignas y tratan de impedir su entrada. Los guardias, en estos casos trabajando overtime, son quienes dan el toque intenso. Agreden a quienes les enseñaron no a dar macanzos, sino a pasar el examensito de la academia y que hoy con tanto orgullo portan detrás de sus cascos y chalecos antibalas.
jueves 7 de febrero de 2008
Maripily y nosotros
Su interesante bronceado logrado de pies a cabeza, presenta un color casi violáceo. Sus “hiperredondos” senos brotan perfectamente de su busto y su larga e inmaculada cabellera descansa en ellos. Maripili, más que brindar un ridículo despliegue visual, verbaliza un sinnúmero de ideas que compaginan perfectamente con nuestro diario vivir al hacernos el día más alegre con sus casi ingenuas frases. Sin embargo, durante esta semana nos ha entretenido de un modo muy particular, mucho más dramático que en otras ocasiones. Esta vez no es alguna palabra mal dicha o el anuncio de alguna de sus cirugías, sino un suceso trágico: el suicidio de “su novio”. Sí, por que desde que se unió con tan efervescente modelo, dejó de ser quien era para convertirse en su subyugado.
Fíjense, ha sido una de las noticias más llamativas en las últimas semanas y he visto, como mi abuela, mi mamá y me imagino que muchas viejas de esas de largas tardes chismeadas entre olor a “Fabuloso” y el nene llorando (sin ofender a mami y mi abuela), disfrutaron la noticia que con “ay bendito” suspiraban y le contaban a su vecina. Al parecer Maripili se ha convertido en un centro de atracción casi de “reality show” en donde todos observan su vida los domingos por la noche y en la revistita bisemanal.
En realidad le debo todo esto a la precaria situación mundial y local. No es tiempo para “rochearnos” viendo como la bolsa es manipulada para que caiga el dólar o cómo el senado comienza su primer día de sesión homenajeando convictos y alabando fundamentalismos. Es preferible perdernos dentro de la basura mediática que día a día se encarga de ir a las 6:00 con su ya famoso exclusivo y olvidarnos o mejor dicho, entretenernos con vidas tan pintorescas como las de Maripili.
Sí, Maripili es nuestra terapia, nuestro mejor psicoanálisis.
Fíjense, ha sido una de las noticias más llamativas en las últimas semanas y he visto, como mi abuela, mi mamá y me imagino que muchas viejas de esas de largas tardes chismeadas entre olor a “Fabuloso” y el nene llorando (sin ofender a mami y mi abuela), disfrutaron la noticia que con “ay bendito” suspiraban y le contaban a su vecina. Al parecer Maripili se ha convertido en un centro de atracción casi de “reality show” en donde todos observan su vida los domingos por la noche y en la revistita bisemanal.
En realidad le debo todo esto a la precaria situación mundial y local. No es tiempo para “rochearnos” viendo como la bolsa es manipulada para que caiga el dólar o cómo el senado comienza su primer día de sesión homenajeando convictos y alabando fundamentalismos. Es preferible perdernos dentro de la basura mediática que día a día se encarga de ir a las 6:00 con su ya famoso exclusivo y olvidarnos o mejor dicho, entretenernos con vidas tan pintorescas como las de Maripili.
Sí, Maripili es nuestra terapia, nuestro mejor psicoanálisis.
miércoles 2 de enero de 2008
Saludos, saludos, vengo a saludar...
¡Los felicito por otros 365 días vividos!
Esta boquita ha bostezado en las últimas semanas, pero ya dentro de poco comenzará su tarea. Vi que pudo encontrarse con otras con otras voces y estoy muy contenta por eso.
Para facilitar la conexión con esas otras voces les escribo mi e-mail:
AngeliVelez996@gmail.com
¡Hasta luego!
Esta boquita ha bostezado en las últimas semanas, pero ya dentro de poco comenzará su tarea. Vi que pudo encontrarse con otras con otras voces y estoy muy contenta por eso.
Para facilitar la conexión con esas otras voces les escribo mi e-mail:
AngeliVelez996@gmail.com
¡Hasta luego!
martes 11 de diciembre de 2007
Favoritos
Tengo que admitir que los domingos observo las páginas de esta revistita que va dirigida a cierto sector de la sociedad portoricensis. Realmente me abochorno, ya que no tengo por qué andar en busca de lo que hay detrás del acceso controlado. O en mi caso, en la cúspide metropolitana, ya que la alta alcurnia de mi pueblo solo posee el más “kitsch” de los gustos. Pero por favor, no me juzguen por ello.
Dentro de la revistita, hay una sección que enfoca los gustos de ciertas personas, como para dar un ejemplo de la buena vida que poseen y sigamos sus riendas. O quizás mostrarle a la “prole” de qué están hechos y que también pueden coincidir en alguna que otra preferencia mundana. Pero el de esta edición es uno muy particular; son dos niños, muy tiernos los dos. Ambos visten camisa de manga larga blanca con pantalón caqui. Igualitos, igualitos desde sus zapatos hasta el peinado. Poseen la cabellera característica de los nenes de colegio: peludos a falta de un recorte y con la partitura hacia el lado.
Pues estos dichosos niñitos me han dejado boquiabierta con sus selectivas elecciones.
Entre sus películas favoritas se encuentran Elsa and Fred, Casino Royal, Troy, The Pursuit of Happyness entre otras grandes nominadas al Oscar. Me extrañó no encontrar Finding Nemo, Shrek o alguna animada, supongo que les debe parecer muy trivial y que para entretenerse tienen cosas más importantes. Por otro lado, gustan de comer en una serie de restaurantes (por no denominarlos) con una vasta reputación culinaria. En cuanto a los destinos preferidos, está Disney (sus padres tuvieron que honrar la tradición) Colorado, Italia, Barcelona entre otros (el editor señaló en negrita los últimos nombrados). ¿Marcas? Ni se diga, las envidiadas por cualquier chico de escuela pública en este país.
Bien, me imagino que estos jovencitos no deben pasar los 9 años de edad y puede que los editores de esta revista le hayan hecho el favor al doctorcito que les hizo su última rinoplastia. Idealizo las orgullosas caras de sus padres al ver sus adorables criaturas posando ante tan prestigiosa revista dominical que anuncia perfumes, joyería y documenta la inmaculada vida social de sus lectores, que entre finas y casi innombrables bebidas alardean sobre su último viaje.
En fin, todavía no comprendo la verdadera necesidad de presentar a estas personas como ejemplos mostrando sus triviales gustos por meras porquerías. Pero lo mas triste del caso, es ver como sus padres inculcan sus beneplácitas costumbres a sus hijos que con brazos abiertos reciben las nimiedades brindadas. Bueno, voy a dejar de refunfuñar por que en el fondo quise poseer todo lo que estos niñitos tienen, pero a pesar de esto, en realidad agradezco a quienes me burlaron por usar mahones “Bomba” y ponerme en mi lugar.
Dentro de la revistita, hay una sección que enfoca los gustos de ciertas personas, como para dar un ejemplo de la buena vida que poseen y sigamos sus riendas. O quizás mostrarle a la “prole” de qué están hechos y que también pueden coincidir en alguna que otra preferencia mundana. Pero el de esta edición es uno muy particular; son dos niños, muy tiernos los dos. Ambos visten camisa de manga larga blanca con pantalón caqui. Igualitos, igualitos desde sus zapatos hasta el peinado. Poseen la cabellera característica de los nenes de colegio: peludos a falta de un recorte y con la partitura hacia el lado.
Pues estos dichosos niñitos me han dejado boquiabierta con sus selectivas elecciones.
Entre sus películas favoritas se encuentran Elsa and Fred, Casino Royal, Troy, The Pursuit of Happyness entre otras grandes nominadas al Oscar. Me extrañó no encontrar Finding Nemo, Shrek o alguna animada, supongo que les debe parecer muy trivial y que para entretenerse tienen cosas más importantes. Por otro lado, gustan de comer en una serie de restaurantes (por no denominarlos) con una vasta reputación culinaria. En cuanto a los destinos preferidos, está Disney (sus padres tuvieron que honrar la tradición) Colorado, Italia, Barcelona entre otros (el editor señaló en negrita los últimos nombrados). ¿Marcas? Ni se diga, las envidiadas por cualquier chico de escuela pública en este país.
Bien, me imagino que estos jovencitos no deben pasar los 9 años de edad y puede que los editores de esta revista le hayan hecho el favor al doctorcito que les hizo su última rinoplastia. Idealizo las orgullosas caras de sus padres al ver sus adorables criaturas posando ante tan prestigiosa revista dominical que anuncia perfumes, joyería y documenta la inmaculada vida social de sus lectores, que entre finas y casi innombrables bebidas alardean sobre su último viaje.
En fin, todavía no comprendo la verdadera necesidad de presentar a estas personas como ejemplos mostrando sus triviales gustos por meras porquerías. Pero lo mas triste del caso, es ver como sus padres inculcan sus beneplácitas costumbres a sus hijos que con brazos abiertos reciben las nimiedades brindadas. Bueno, voy a dejar de refunfuñar por que en el fondo quise poseer todo lo que estos niñitos tienen, pero a pesar de esto, en realidad agradezco a quienes me burlaron por usar mahones “Bomba” y ponerme en mi lugar.
martes 4 de diciembre de 2007
Fast Food Blues
Durante los pasados meses sufrí uno de esos conflictos económicos que le suceden a la gran masa clasemediera de este país. Decido solicitar empleo en una conocida cadena de restaurantes; de estos que comienzan como fonditas “de don Teyo” frente a un edificio gubernamental. Fíjense, pensé que el llevar a cabo esta decisión resolvería mi “ichu” con el bolsillo, pero nunca imaginé que se convertiría en todo un dilema existencial y si, una pesadilla.
Es mi primer día y me encuentro ataviada literalmente de pies a cabeza con el uniforme que arruinaría mi look de wannabe intelectual y me uniría a los que anteriormente juzgué como brutos, mantenidos e incapaces de entender simples órdenes de servir comida. Al entrar, recibo el saludo del gerente, que con su cara de hastío me mira con ojos de pena. Me entrega el manual “for dummies” que comienza con la bienvenida y algo de historia que tiene la ya empresa puertorriqueña. Adjunto al mensaje, están las fotos del fundador el cual posee una tierna sonrisa de viejito buena gente y a su lado lo acompaña el presidente (su hijo) que en cambio trae una pinta de evangélico capitalista que decidió incorporar la fondita que algún día su padre fundó.
Al rato, estoy frente a una monumental cafetera dorada con un ruido espantoso. Es un chillido intenso que las ya colegas escuchan con una costumbre casi melodiosa. Observan mis torpes movimientos con ojos vidriosos y profundos, comentan entre sí, tropiezan con mis nalgas y sin querer tumban los cafés que he preparado luego de haber podido congraciarme con el aparato. Desde ese momento, soy la “nena” y un “que se joda” resuelve los apuros en medio de las órdenes. Mi mente se vuelve todo un torbellino entre gritos, clientes molestos, cajas registradoras y el fastidioso ruido que me penetra y aumenta mi angustia. No es un primer día cualquiera, pero trato de concentrarme en el mensajito del presidente, a quien le alegraba tanto que esta desconocida se uniera a su fuerza laboral.
Llego a mi hogar donde no logro despojarme de las sensaciones e incomodidades vividas. Aún las macabras y mal olientes imágenes rondan mi cabeza recordándome mi nueva realidad y pésimo horario. Trato de convencerme que realmente debo continuar, ya que mi orgullo no permitiría que las que tumbaron mi café no tuvieran la dicha de volver a ver mi “agradable” presencia. Ay, pero basta de comemierderías, son “gajes” de mi clase y que este ridículo asombro no debiera existir. Soy la súbdita de ese viejito buena gente que va de vacaciones a Punta Cana y visita Disney World. Pero aunque todo esto me corresponde, mejor dejo una vacante para alguien que seda a los impulsos de esas arpías “tumbacafés” y puedan amanecerse haciendo un sándwich.
Es mi primer día y me encuentro ataviada literalmente de pies a cabeza con el uniforme que arruinaría mi look de wannabe intelectual y me uniría a los que anteriormente juzgué como brutos, mantenidos e incapaces de entender simples órdenes de servir comida. Al entrar, recibo el saludo del gerente, que con su cara de hastío me mira con ojos de pena. Me entrega el manual “for dummies” que comienza con la bienvenida y algo de historia que tiene la ya empresa puertorriqueña. Adjunto al mensaje, están las fotos del fundador el cual posee una tierna sonrisa de viejito buena gente y a su lado lo acompaña el presidente (su hijo) que en cambio trae una pinta de evangélico capitalista que decidió incorporar la fondita que algún día su padre fundó.
Al rato, estoy frente a una monumental cafetera dorada con un ruido espantoso. Es un chillido intenso que las ya colegas escuchan con una costumbre casi melodiosa. Observan mis torpes movimientos con ojos vidriosos y profundos, comentan entre sí, tropiezan con mis nalgas y sin querer tumban los cafés que he preparado luego de haber podido congraciarme con el aparato. Desde ese momento, soy la “nena” y un “que se joda” resuelve los apuros en medio de las órdenes. Mi mente se vuelve todo un torbellino entre gritos, clientes molestos, cajas registradoras y el fastidioso ruido que me penetra y aumenta mi angustia. No es un primer día cualquiera, pero trato de concentrarme en el mensajito del presidente, a quien le alegraba tanto que esta desconocida se uniera a su fuerza laboral.
Llego a mi hogar donde no logro despojarme de las sensaciones e incomodidades vividas. Aún las macabras y mal olientes imágenes rondan mi cabeza recordándome mi nueva realidad y pésimo horario. Trato de convencerme que realmente debo continuar, ya que mi orgullo no permitiría que las que tumbaron mi café no tuvieran la dicha de volver a ver mi “agradable” presencia. Ay, pero basta de comemierderías, son “gajes” de mi clase y que este ridículo asombro no debiera existir. Soy la súbdita de ese viejito buena gente que va de vacaciones a Punta Cana y visita Disney World. Pero aunque todo esto me corresponde, mejor dejo una vacante para alguien que seda a los impulsos de esas arpías “tumbacafés” y puedan amanecerse haciendo un sándwich.
martes 20 de noviembre de 2007
De domingo
“Se ha producido, pues un cambio durante estas últimas semanas. ¿Pero dónde? Es un cambio abstracto que no se apoya en nada. ¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es este cuarto, esta ciudad, esta naturaleza; hay que elegir.”
Sartre, Jean-Paul, La náusea
Tras atrasar responsabilidades y quedarme en mi hogar devorando lo que los medios comunicativos quieren que lea y escuche, me he topado con un sinnúmero de noticias de las cuáles solo conocía detalles por eso de no prestar la atención necesaria para no revolcarme la cabeza. Pero fíjense, más que “ichus” trillados, he encontrado ante mis ojos (aun impresionables), sucesos inquietantes que no pretendo burlar pero sí pasar por mi conciencia crítica.
Entre estos, el dilema político casi indescifrable que rodea al gobernador, ha inundado este domingo de una incertidumbre hueca, lejos de posibilidades creíbles que le den un final lo suficientemente digno de ser un día libre. También he escarbado en lo que este chico con cojones, Tito Kayak, ha logrado. Es definitivo que si logran demoler Paseo Caribe, lo deberíamos postular de forma unánime a candidato independiente al menos para un puesto en el senado. Me lo imagino queriendo asistir a la sesión desde las gradas o trepándose en la acojinada silla del presidente cameral, para aprobar mociones inteligentes. O si logra convertirse en presidente, el retrato que aguardaría en el pasillo junto con los anteriores presidentes del senado, sería uno de medios mixtos y algo cubista en vez de un aburrido estilo realista.
Para serles honesta, suelo hartarme de la política, cosa que muchos compartirán conmigo, y también de las llamativas protestas que en el fondo guardan ideales serios. Pero lo que pasa en este caso, es que no me he percatado durante meses o algún tiempo, de la funcionalidad y poder que han logrado. Puedo decir que en parte le creo al gobernador y que también le atribuyo a Tito algún carácter heroico dentro de sus acciones. Así como las palabras de domingo enriquecen un vocabulario que nunca usaremos, estos sucesos llegan de esa forma: para buscar su significado e indagar en ellos aunque nos quedemos parados como estacas contemplándolos.
En fin, he contemplado cambios y a lo que Sartre me acompañaría diciendo:
“Lo que pasa es que rara vez pienso; entonces, sin darme cuenta, se acumula en mí una multitud de pequeñas metamorfosis, y un buen día se produce una verdadera revolución.”
Sartre, Jean-Paul, La náusea
Tras atrasar responsabilidades y quedarme en mi hogar devorando lo que los medios comunicativos quieren que lea y escuche, me he topado con un sinnúmero de noticias de las cuáles solo conocía detalles por eso de no prestar la atención necesaria para no revolcarme la cabeza. Pero fíjense, más que “ichus” trillados, he encontrado ante mis ojos (aun impresionables), sucesos inquietantes que no pretendo burlar pero sí pasar por mi conciencia crítica.
Entre estos, el dilema político casi indescifrable que rodea al gobernador, ha inundado este domingo de una incertidumbre hueca, lejos de posibilidades creíbles que le den un final lo suficientemente digno de ser un día libre. También he escarbado en lo que este chico con cojones, Tito Kayak, ha logrado. Es definitivo que si logran demoler Paseo Caribe, lo deberíamos postular de forma unánime a candidato independiente al menos para un puesto en el senado. Me lo imagino queriendo asistir a la sesión desde las gradas o trepándose en la acojinada silla del presidente cameral, para aprobar mociones inteligentes. O si logra convertirse en presidente, el retrato que aguardaría en el pasillo junto con los anteriores presidentes del senado, sería uno de medios mixtos y algo cubista en vez de un aburrido estilo realista.
Para serles honesta, suelo hartarme de la política, cosa que muchos compartirán conmigo, y también de las llamativas protestas que en el fondo guardan ideales serios. Pero lo que pasa en este caso, es que no me he percatado durante meses o algún tiempo, de la funcionalidad y poder que han logrado. Puedo decir que en parte le creo al gobernador y que también le atribuyo a Tito algún carácter heroico dentro de sus acciones. Así como las palabras de domingo enriquecen un vocabulario que nunca usaremos, estos sucesos llegan de esa forma: para buscar su significado e indagar en ellos aunque nos quedemos parados como estacas contemplándolos.
En fin, he contemplado cambios y a lo que Sartre me acompañaría diciendo:
“Lo que pasa es que rara vez pienso; entonces, sin darme cuenta, se acumula en mí una multitud de pequeñas metamorfosis, y un buen día se produce una verdadera revolución.”
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